22 de mayo de 2011

Billy Talent III


Hoy puedo afirmar, y creo que por primera vez en mi vida, que me siento orgulloso de la juventud española. Obviamente no de toda, eso está claro. Esto es como cuando digo que los gabachos son imbéciles, pues por supuesto no creo que el 100% de la población del país vecino tenga el coeficiente intelectual de un babuino borracho. Pero vamos, que me siento orgulloso de esos miles de jóvenes que se han sacado el rabo, lo han puesto sobre la mesa, y han gritado que hasta aquí podíamos llegar. Que estamos hasta los mismísimos cojones de tragarnos toda la mierda que nos escupen desde los pedestales del poder.
Al fin hemos (uso el plural mayestático a pesar de que la cercanía de mis exámenes me ha impedido participar de las protestas como me a mí me habría gustado) dinamitado ese maldito estereotipo de la generación ni-ni que los medios, esos "profesionales" cuya idea de acercarse a la juventud es publicitar a bombo y platillo una bazofia como Mentiras y gordas (cuyo guión debería considerarse razón suficiente para que Ángeles González-Sinde, la amiga de los internautas, dejase su sillón de Ministra de Cultura) han intentado vendernos.
No, damas y caballeros. La juventud, aunque si es verdad que en su mayoría son unos cafres, tiene las cosas claras. Sabemos lo que queremos y lo que no. Y no queremos una maldita democracia, por llamarlo de alguna manera, en la que dos grupos de sectarios se reparten el pastel. El pucherazo pasó de moda, y al igual que no hemos permitido que las hombreras regresen a nuestro vestuario habitual, no vamos a permitir esta broma de mal gusto.
Que sí, que los resultados no nos van a acompañar. Pero eso estaba claro. No creo que ninguno de los que está acampado pensase siquiera por un momento que las cosas iban a cambiar de la noche a la mañana, y mucho menos en un país en el que el dogmatismo está a la orden del día. Lo importante es que, antes o después, algo ha comenzado. Y por eso me siento orgulloso.

Del mismo modo, hace cosa de un mes, Alex y yo charlábamos sobre la crisis cultural que nos inunda desde principios de milenio. Hemos llegado a un punto en el que, ahora voy a centrarme en la música, todo suena a lo de siempre y las ganas de intentar ya no innovar, sino sacudir los cimientos de la música como ya hicieran en su época Rolling Stones, Led Zeppelin, Black Sabbath o Nirvana.

No obstante, y por suerte, de vez en cuando aparece algún grupo que, si bien puede que no haya supuesto una revolución, al menos no peca de ser una copia mala de una copia aún peor.

Billy Talent, canadienses hasta la médula y poseedores de la más variopinta colección de apellidos que he visto en mi vida, son, desde mi humilde punto de vista, uno de esos grupos.
Aaron Solowoniuk, Jonathan Gallant (el único con un nombre medianamente normal), Benjamin Kowalevicz e Ian D'sa, acompañado de su indispensable tupé.

Tras un disco debut homónimo y un segundo trabajo con el título Billy Talent II, publicaron, en un alarde de originalidad, Billy Talent III, siguiendo la estela de otro grupo con desbordante imaginación para nombrar sus primeros trabajos como lo fueron Led Zeppelin.



Podría intentar describiros el estilo que practican, pero los resultados serían nefastos ya que no se asemejan a ningún otro grupo que haya escuchado (que manda cojones viniendo de un hombre cuya carpeta de música contiene desde Pantera hasta High School Musical). Así que lo mejor es que nos metamos en el fango y diseccionemos el disco y de paso os escucháis algo.

Devil on my shoulder abre el disco, y promete que la esencia de Billy Talent no se ha perdido. Ritmos pausados y cambiantes, con regusto a funk y riffs elaborados, en el que la guitarra y el bajo se entrelazan sin que ninguno de los dos sea más protagonista que el otro. Es algo que, como bajista, me gusta mucho del grupo. El hecho de que Jonathan Gallant no esté simplemente de adorno, como muchos bajistas en el rock actual, sino que contribuye considerablemente a la construcción de las melodías y su presencia es indispensable.
Con el punteo de Ian D'sa comienza Rusted from the rain, que se sustenta sobre un potente bajo y que avanza, lento pero seguro y con mucha fuerza. Una bonita metáfora sobre las relaciones destructivas, en las que una de las dos partes acaba por absorber a la otra, sin importar lo que la otra persona pueda sufrir.

El bajo vuelve a ser protagonista en Saint Veronika, esta vez acompañado por el incensante oscilar de los platos de Aaron Solowoniuk. Una canción oscura y agria, donde el peculiar color de voz de Kowalevicz se sale.
No me digais que no es un vídeo de... mal rolliiiito.

Tears into wine coquetea con el indie, con un claro contrapunto en el estribillo.Un tema ligero y asequible que aún así mantiene el nivel. Lo bueno de Billy Talent es que al tener un sonido tan definido y tan diferente a todo, hasta la canción más insustancial tiene su punto de calidad.
White sparrows es uno de esos temas que emociona. Uno de esas privilegiadas piezas que tienen el poder de desgarrarte por dentro y de hacer que, por mucho que lo intentes, te asomen las lagrimillas. En este caso, parte de ese poder proviene de los alaridos de Kowalevicz y de la potente base rítmica de Gallant y Solowoniuk, o del soberbio trabajo de D'sa con la guitarra. El otro culpable, su letra, la historia de un hombre que perdió a la mujer de su vida y relata como el día a día se hace cada vez más duro.
Joder, es ponerla y me entra una opresión en el pecho... Si es que en el fondo soy un sentimental. Como Loquillo.

Vamos a animarnos un poco con otro tema que flirtea con el indie. Pocketful of dreams se llena de energía en el estribillo, con un ritmo muy marcado. Otro tema para todos los públicos, que de nuevo se salva gracias a la genial labor de su guitarrista.
The dead can't testify machaca tu cabeza desde el primer segundo hasta el último (bueno, en realidad no, porque comienza con un fading de guitarra... pero vamos, ya me entendéis). Impresionante línea de bajo e impresionante Kowalevicz gritando como un poseso. Mención especial para la mandolina que suena en el puente, que no tiene mucho interés, pero a mí me mola.

Llegamos a mi tema fetiche. Diamond on a landmine es un tema ágil, fuerte y con gancho. Quizás sea el estribillo o quizás sea la manera que tienen D'sa y Kowalevicz de intercalar sus voces, pero atrae. O quizás sea su historia, la de un chico enamorado hasta las trancas al que no le importa lo que su chica lo pueda anular, porque siempre la querrá y siempre querrá estar con ella.

Turn your back, canción conjunta con los punkarras redomados de Anti-Flag, cabalga un ritmo saltarín con un estribillo directo y muy fresco. Y como todo blanco tiene su negro, llega Sudden movements, perezosa, lenta y en algunos momentos, desesperante. La única mancha de todo el disco, aunque si lo escuchas de tirón no se nota mucho.
Definition of destiny cierra el álbum y lo hace con una dosis de energía pura, con un riff distorsionado y un ritmo muy cercano al punk. Genial el contraste entre las estrofas, más melódicas y relajadas y el estribillo, dónde los canadienses lo dan todo.

Eso es todo amigos. Los escrutinios están a punto de acabarse y el resultado es claro: las cosas no han cambiado. ¿Sorprendidos? Para nada. Pero ya hemos encendido la mecha. Ahora sólo hay que dejar que el fuego se avive.

Un abrazo shurmijuitos. Que os den.

5 comentarios:

Manu dijo...

Buena actualización y totalmente de acuerdo

Gracias por vuestro trabajo, y seguid asi con este blog que espero que llegue alto alto!!

Suerte

Anónimo dijo...

Pek3 dijo...

Oye pues me ha molao la actu en cuanto a billy talent es un grupo que no me llama la atencion pero que me mola asi pa escucharlo un ratillo.
En cuanto al movimiento de indignados creo que se hacen llamar tb estoy de acuerdo y a la vez sorprendido pero es cierto que no van a conseguir una mierda por desgracia

Alex Noiser dijo...

He estado escuchando el disco y no está mal, lo que pasa es que tengo esa sensación de haber oído a este grupo en otro grupo, y a su vez en otro. Respecto a lo otro: me alegro de que la gente en 36 años de democracia se haya levantado contra alguien al menos una vez en su vida. ¿Es el momento ahora? Para mí, no, qué queréis que os diga, esto se podría haber hecho por ejemplo hace un año o dos, cuando la situación no era dramática, o menos que ahora. Para acabar con un bipartidismo hacen falta años y años... ojalá UpyD sea la alternativa, cada vez me gusta más.

Un abrazo Vinny

Lou dijo...

señor vinny estan los ánimos que prenden fuego y la música tambien.


creo que la juventud está mejor preparada que nunca, con poder de decisión y preparada para ello....

salud/os vinny

y a mi amigo alex tambien

Sergio dijo...

La juventud tiene la llave del cambio, que no se desaproveche. Es el momento.

Este grupo me suena reconocible pero no caigo ahora, un par de audiciones más y lo encajo, seguro.