19 de noviembre de 2012

Screaming for vengeance


Comienzo esta entrada lanzando al aire una pregunta que creo que a todos nos tiene en vilo... ¿Dónde está Álex? ¿Álex? ¿Estás ahí? ¡Manifiéstate! Pero no cerca del congreso, que te zurran los antidisturbios.

Qué jevi estoy últimamente. Tras terminar la entrada del Powerslave me quedé con ganas de más y estuve revisando algunos cedés que tengo grabados de hace años y repasando grupos que durante mucho tiempo fueron ración de rock diario. Es gracias a esto que se levanta el telón y los focos iluminan hoy a los grandísimos Judas Priest.

Antes de continuar, no puedo evitar comentar que mi relación con los metal gods durante años ha sido muy, pero que muy bipolar. Si bien soy un ferviente admirador de casi toda su etapa ochentera (incluso los denostado Turbo y Ram it down) pero odio con toda mi alma (y me perdonaréis lo categórico de la declaración) el maldito Painkiller. De verdad, es que es insoportable. Sabéis que a mí no me desagradan (es más, me gustan) estilos tan soporíferos y desquiciantes como el deathcore y otras lindezas, pero es que la voz de Halford en ese disco se me clava en las meninges y me provoca un dolor de cabeza que no es ni medio normal. Vamos, que como podéis imaginar, a mí me molan los discos con Owens. De Angel of retribution (aunque he de reconocer que durante una temporada no dejaba de escucharlo) o el infame Nostradamus no hablaré, no creo que haga falta decir nada. Tampoco lo haré sobre su época setentera por no conocerla a fondo. Resumiendo, que por mí los Judas se podían haber retirado en 1988 y no habría sufrido (básicamente porque aún me quedaba un año para nacer).


Pero a lo que vamos. Si bien todos estaremos de acuerdo en considerar que British steel es la obra cumbre en la carrera de los británicos, mi elección ha sido Screaming for vengeance por una razón que os va a parecer una soberana gilipollez, pero es que yo soy así: la portada (personificación de The Hellion, creado por Doug Johnson) me produce unos orgasmos visuales que ya quisiérais para vosotros.

No me digáis que no, es un pasote. Estoy buscando como un loco una maldita camiseta con esa imagen y todas las que encuentro tienen algún defecto (esa es otra cosa que debéis saber de mí, soy muy especialito en el tema del estilismo).

Bueno, pues a parte de la portada, lo he elegido porque este año se cumple el treinta aniversario de la salida de éste álbum y eso también hay que celebrarlo. Grabado en los estudios Ibiza Sound (sí, en nuestra Ibiza) y mezclado y masterizado en los Beejay y los Bayshore Recording Studios de Coconut Grave, en Florida (¿soy el único que piensa que más que grabar un disco lo que querían era pegarse una buena sesión de playa?).
Screaming for vengeance hizo subir la popularidad de Judas Priest en norteamérica y eso les dio la oportunidad de defender el disco en directo en tierras estadounidenses durante el World Vengeance Tour acompañados entre otros por Krokus, Uriah Heep o unos jovencérrimos Iron Maiden que sorprendían al mundo entero con su Number of the beast.
Hemos venido del mismísimo infierno para fornicar. Y nos da igual carne
que pescado.
Tras un disco relativamente flojito como fue Point of entry, los Judas consiguieron no sólo añadir un nuevo pilar en el heavy metal (el disco es considerado uno de los más influyentes en la historia de la escena metalera) sino además rejuvenecer su sonido, como un vampiro cuyos colmillos perforan el níveo cuello de alguna doncella, y que les daría fuerzas durante algunos años más para seguir firmando trabajos, en gusto del que suscribe, sencillamente brillantes.

Arrancamos (y nunca mejor dicho, porque hay pocos temas tan propensos a servir de banda sonora mientras conduces) con ese clásico entre los clásicos que es The hellion / Electric eye. Una intro tormentosa que engrasa las ruedas de un tema con uno de los ritmos más pegadizos que he escuchado jamás. La voz de Rob Halford suena metalizada y el cabrón de Glenn Tipton se saca de la gabardina un solazo eléctrico, que acuchilla la atmósfera como si fueran rayos, relámpagos, retruécanos y retortijones. Si aún no os han entrado ganas de compraros una Harley para recorrer con vuestros amigos los parajes más recónditos de la esfera terráquea, es que no tenéis alma. Y mucho menos cojones.

Venga, que nos queda otra oportunidad. El aparatoso comienzo de la batería de Dave Holland de Riding on the wind desemboca en un tema con otro ritmo de carretera y asfalto quemado, de cadenas engrasadas, melenas al viento y bichos en la boca. Sabe a libertad, a esa libertad embutida en cuero y salpicada de tachuelas tan genuina de los de Birmingham. Halford suelta algún gritito, pero no resulta irritante en absoluto (es más, suena incluso simpático) y de nuevo la guitarra de deshace entre los dedos de Tipton y de K.K. Downing.
La sombra roja de Bloodstone aparece entre el humo que ha dejado su antecesora y se perfila como un tema más tranquilo, más densa y sensual y... más aburrida. Si no fuera por esos arpegios que le sacan a las seis cuerdas hacia el final, pasaría sin pena ni gloria.
(Take these) chains continúa con esa tónica aunque en este caso son las estrofas, en las que la voz de Halford baja los tonos a un límite que no podías imaginar, dándole un toque melancólico y casi etéreo, construyendo así una pseudobalada en la que Holland y los dos guitarras brillan con luz propia. Regalo de Bob Halligan Jr., he de reconocer que apenas la había escuchado pero ha pasado a engrosar mi lista de favoritas.

De nuevo ritmos lentos con Pain and pleasure (referencia obvia y con nula posibilidad de malinterpretación a la afición del señor Halford por el mundo del sadomasoquismo). Corte pesado y muy, muy caliente, como un polvo en medio de las ajadas tierras del desierto, con el polvo y el sudor entremezclándose. Es todo tan espeso que llega un momento en el que cansa. Por suerte ahí está la guitarra para sacar las castañas del fuego con un pegajoso sólo.
Puede que la única gracia de Screaming for vengeance sea escuchar a Halford dejarse las amígdalas cada dos por tres compitiendo contra las guitarras a ver cuál suena más aguda. Gana Rob, pero básicamente porque sus chillidos suena casi cómicos, como si no se lo estuviera tomando en serio. Sobresaliente para Holland.
Es curioso que You've got another thing coming, uno de los temas más celebrados de la banda y una de las razones por las que Judas Priest no son del todo desconocidos para el gran público, fuera una incorporación de última hora. No sé si os habrá pasado lo mismo que a mí, pero la primera vez que la escuché, no me pareció nada del otro mundo. Pero es una de esas canciones que cuantas más veces las escuchas, más te molan. Puede que sea ese ritmo macarra (primera vez en todo el disco en el que al pobre Ian Hill se le escucha un poco más), o ese estribillo tan sencillo como pegadizo. Sea por lo que sea, solo sé que mi cadera cobra vida propia y me dan ganas de desnudar mujeres con la mirada. Oh sí, nenas.

La carta de presentación de Fever es una guitarra oscura y volátil que muta en sucia y saturada. Ritmo sencillo pero inconfundible, con un sabor lascivo y morboso, como una mujer con lencería acariciándose en las sombras. Tremendo Halford aquí dejando algunos detalles muy interesantes. Tremendos Tipton y Downing y sus guitarras afiladas. Tremendo Hill sustentando con el bajo los gemidos de dolor y placer de sus compañeros. Tremendo Holland y sus transiciones. Tremendos todos, qué coño.

Se cierra este burdel de carretera con Devil's child, en mi opinión el corte más clásico de todos. Una despedida algo descafeinada, pues aunque hay ciertos momentos en los que parece que la cosa va a mejorar, acaba resultando muy plano. No todo podía ser perfecto.

Eso fue todo por hoy señores. Escuchen el disco y disfruten imaginando como el metal cromado en las llantas de una buena chopper refleja el canalillo de una jamelga encuerada con los labios rojo pasión o los abdominales de un macizo de ojos oscuros. Eso ya al gusto del consumidor. Imaginen, pero sobre todo, disfruten.

PD: Hemos cambiado el reproductor debido a algunos problemas que presentaba el anterior con Google Chrome. Vamos a probar con Spotify cómo va la cosa. Ya sabéis, si encontráis algún fallo, comunicadlo sin miedo.

7 comentarios:

Sergio DS dijo...

De este disco conozco temas que están incluidos en un recopilatorio pero no lo he catado al completo, le pegaré una vuelta en Spotify.

Gonzalo Aróstegui Lasarte dijo...

Me quedo con "British Steel", pero reconozco que "Screaming" es bestial. Metal directo a la yugular, como el vampiro del que hablas.

Un saludo.

Alex Palahniuk dijo...

Buff, amí judas... poco, el Turbo y quizás el Painkiller. Éste no lo he escuchado.

PUPILO DILATADO dijo...

¡Es cierto!, Alex!! ¿Por donde paras cabroncete???.

En cuanto a "Screaming...." por diosss como puede haber gente que a estas alturas diga 'le pegaré una vuelta en spotify'(!!!) es un puto pelotazo heavy con la banda a pleno rendimiento compositivamente y encima de un escenario.

Te recomiendo los Judas 70's te vas a llevar una grata sorpresa.

Boris Estebitan dijo...

Gran blog rockero :)

TSI-NA-PAH dijo...

Amigo te saltaste dos turnos del juego!!¿Pensaba que te apuntabas?
Los Judas me quedo con Sad Wings of Destiny y retirarse en el 86 con Turbo.

A+

Amanecer Nocturno dijo...

Yo como sigo a Álex en twitter le tengo mucho más presente en mi vida que antes. Y cuando digo mucho, es MUCHO xDD