27 de diciembre de 2013

Sangre (no tan) fresca: Ocho discos que Rodolfo quiere que escuchéis antes de que acabe 2013

Pues eso. Recupero el antiguo formato de esta sección para hacer un breve repaso por algunos trabajos que se han publicado este año y que no he podido reseñar. Podría haber hecho como con tantos otros y derivaros a críticas de otros lugares de la red, pero Rodolfo me ha amenazado insistido (y ahora que está también por aquí su primo, la insistencia es doble) en que debería ser yo el que os hablara de ellos aunque sea tarde, rápido y, seguramente, mal.

Y no soy quién para contradecir a mi mascota. Vamos al lío.


Siento debilidad por los australianos Sick Puppies. El trío de Sydney práctica esa variante del mal llamado metal alternativo que se acerca peligrosamente al pop rock pero, en este caso, superan con éxito el examen. Connect es su cuarto trabajo de estudio y lo que nos proponen es una lista de canciones que tocan todos los palos, desde rock pesado con alma de radiofórmula hasta un post-grunge de manual, pasando por temas cuasi acústicos al más puro estilo del nu metal melódico e incluso algún que otro pellizco de stoner. En la variedad está el gusto, dicen, y en este caso el acierto del álbum, cuyos cortes desfilan por delante de tus narices con más gloria que pena, sin impactar en la memoria a largo plazo pero dejando un muy buen sabor de boca, algo de lo que no pueden presumir muchos de sus homólogos del hemisferio norte. Y no es por llevarle la contraria a Javier Krahe, pero en las antípodas hay algunas cosas que son distintas de lo autóctono.

Un vistazo rápido: Die to save you, Walking away, Gunfight, Telling lies, The trick the devil did, Under a very black sky


Ha vuelto el mesías. Tras dejar a medio mundo alucinados con aquel maravilloso My beautiful dark twisted fantasy, Kanye West ha bajado de los cielos para traernos Yeezus, un puñetazo underground en toda la cara del mainstream. Temas caóticos, repetitivos, crudos y en ocasiones enervantes que buscan sugerir e inspirar más que sonar cuidados. Melodías sintéticas, samplers modificados, exclamaciones como recurso y el siempre apetecible uso del autotune como herramienta (que no como añadido) conforman una producción que parece aleatorio pero es todo lo contrario, pues cada detalle está cuidado a la perfección. Y por supuesto, todo ello cubierto por el espeso chocolate que son las letras y el carisma de el señor West, con su inigualable talento para fusionar lo sórdidamente cotidiano con lo grotescamente bíblico. Número uno en varias de las listas de los mejor del año que he visto durante estas últimas semanas. Y no me extraña.

Un vistazo rápido: Black skinhead, I am a God, New slaves, Blood on the leaves, Send it up, Bound 2


Tras un año turbulento en sus relaciones con la discográfica Victory, A Day to Remember volvían a la carga en octubre (edición digital) y por fin en noviembre (la física) con su primer trabajo bajo sello propio. Common courtesy es, como viene siendo habitual en la discografía de los de Ocala, algo irregular pero bastante menos de lo esperado. De nuevo el pop punk y el metalcore más cercano al death se dan la mano como si de viejos amigos se tratara para construir un conjunto de canciones donde los temas con más gancho son, sin lugar a dudas, aquellos en los que la banda deja salir su faceta más bestia. Esperemos que la aventura les salga bien y podamos seguir escuchando en el futuro a Jeremy McKinnon y los suyos.

Un vistazo rápido: Sometimes you're the hammer, sometimes you're the nail, Dead & buried, Best of me, Violence (Enough is enough), Life lessons learned the hard way


Si sois de los que, como un servidor, aún hoy maldicen el día que Dave Baksh abandonó Sum 41 para desaparecer del panorama musical, que sepáis que los Zebrahead siguen ahí. Punk rock gamberro y popero, de fiesta de piscina con mucha cerveza y muchos perritos calientes, de humor infantiloide y pocas pretensiones. Al menos compositivamente, porque Call your friends tiene algunos fogonazos (uno o dos por tema) de calidad instrumental (sobretodo las guitarras de Bergdorf y Palmer) absolutamente magistrales que se hacen más que patentes en sus flirteos con el metal, el rap, el ska y el hardcore. La fórmula es simple: enchúfalo, disfrútalo, disfrútalo más, olvídalo y vuelta a empezar. Porque las mejores cosas de la vida son las más simples.

Un vistazo rápido: With friends like thesw, who needs herpes?, Murder on the airwaves, Public enemy number one, Nerd armor, Don't believe the hype, Last call


Para mí el trabajo más esperado del año era Yoshu fukushu, de los nipones MAXIMUM the HORMONE. Los habituales de este blog sabréis de mi amor por la banda de Hachiõji. Desde aquel Buiikikaesu de 2006 ha llovido mucho y diversos problemas de salud y el embarazo de su batería Nao, han pospuesto hasta este año su regreso. Pero joder, que regreso. A los ya conocidos Tsume tsume tsume y [F] (me cago en todo, que caracteres más raros utilizan los japos) se unen otros trece temas marca de la casa donde tienen cabida la agresividad del thrash, la furia punk hardcore, el ritmo del groove y el funk, la distorsión sludge y el optimismo del j-pop. Un locura de principio a fin que invita a soñar con uno de los directos más frenéticos y divertidos del planeta y a rogar a la deidad pertinente que los organizadores de festivales de rock en Europa (ya no digo de España, hace tiempo que perdí la fe) recuerden que en el país del sol naciente hay cuatro apisonadoras que pondrían patas arriba a la más anestesiada de las muchedumbres.

Un vistazo rápido: Yoshu fukushu, Benjo sandal dance, Chu 2 the beam, Tsume tsume tsumeUnbelievable! (Suwomintsu hokereiro mifueho), My girl, Beauty killosseum


La llegada del duodécimo trabajo de Dream Theater, disco homónimo (con la de simbologías majas que tiene el doce, que decepción chicos) trajo consigo una retahíla de malas críticas en mis publicaciones de referencia que activaron mis alarmas internas. Alarmas que se apagaron inmediatamente tras un par de escuchas. A ver, es verdad que es el trabajo no es redondo. Pero hace años (me atrevería a decir que desde Octavarium, otros dirán que incluso antes) que no tienen uno de esos. En líneas generales, estamos hablando de que en esta ocasión el progresivo gana al metal, resultando algunas canciones más propias de otro tipo de bandas como por ejemplo Rush (que no plagio, cabrones, hablar de plagio o copia en cualquier estilo progresivo es un despropósito de proporciones mastodónticas) pero en general bastante potable. Sólo dos o tres temas pasarán a engrosar la lista del directo y quedarán en el corazón de sus seguidores. Lo que viene siendo un "otro más" en toda regla.

Un vistazo rápido: The enemy inside, The looking glass, Surrender to reason


Me suelo fiar cuando veo que una banda requiere a John Dyer Baizley (Baroness) para una de sus portadas. Eso es sinónimo de que el disco es tan pepino que necesita una presentación a su altura. Y no me equivocaba con Meir. Kvertelak tardaron tres minutos de mi tiempo para pasar de completos desconocidos a banda de referencia. Como sus paisanos Turbonegro, su estilo podría definirse como amalgama de hard rock y punk hardcore, aunque en este caso vaya acompañado de un vocalista screamer, letras en noruego, una buena dosis de heavy metal, black por toneladas y algún que otro tinte folk. Si no os hacéis una idea os invito a escucharlos (a pesar de que la barrera idiomática sea un problema para disfrutarlos más aún) y dejar que sus contundentes guitarras y sus oscuras melodías os arrastren poco a poco hacia sus garras.

Un vistazo rápido: Åpenbaring, Spring fra livet, Bruane brenn, Snilepisk, Nekrokosmos


Finalizo este breve repaso a mis pequeños olvidados con un disco que probablemente habría merecido una disección mucho más extensa. Porque Pearl Jam se lo merecen. Pero prefiero quedarme en un quiero y no puedo que olvidarme de ellos. Aunque no quiero llevaros a engaño. Lightning bolt no es una obra maestra. De hecho, puede que ni siquiera se pueda considerar uno de los discos del año. Pero cumple de sobra con la espectativas puestas en él y, joder, que es un maldito disco de Pearl Jam. Serán mejores o peores, pero ninguno se queda simplemente en un aprobado raspado y este no iba a ser menos. Tan eclécticos como siempre, el décimo trabajo de los de Seattle continua la senda de esa bipolaridad tan suya, alternando auténticos trallazos de inspiración punk con irresistibles baladas. Mucho más extremista que Backspacer, aquí el rock es pura furia y los cortes lentos destilan un aroma meloso y casi ochentero, no hay casi termino medio y a pesar de todo el disco suena compacto, no hay ninguno que pienses que desentona. Hasta la estructura, con dos cortes oscuros y experimentales marcando el ecuador, es casi perfecta.

Un vistazo rápido: Mind your manners, My father's son, Sirens, Pendulum, Let the records play, Yellow moon