19 de junio de 2014

Sangre fresca: Linkin Park - The hunting party | Fuera de contexto

En el imaginario y cuasi perfecto mundo de los quizás Dover (de momento, y si nadie me corrige, única banda española que ha tocado en el monstruoso Rock am Ring) nunca intentaron "reinventarse" a sí mismos con un disco de seudoelectrónica y luego con uno que intentaba ser un "músicas del mundo" y que terminó en una broma de mal gusto; Metallica no se habría dejado encandilar por el nu metal para torturarnos con un St. Anger sobreproducido en el que sólo se salvaba (si acaso) el tema homónimo; Muse no intentarían ser Queen de una manera tan descarada que da vergüenza ajena y Linkin Park pensarían un poquito más antes de decidir qué dirección quieren marcar con su siguiente trabajo.

Mike Shinoda, líder de mis californianos favoritos, comentaba hace unos meses, antes de comenzar a filtrar poco a poco los cinco (¡cinco!) adelantos de The hunting party, que tiró a la basura (o al cajón) gran parte del material que tenía escrito para este nuevo álbum cuando se dio cuenta de que, si bien esa colección de rock melódico aderezado con electrónica y algo de hip hop era lo que le apetecía escuchar, distaba mucho de lo que quería tocar sobre un escenario. La propuesta era regresar a un rock noventero (no el suyo, el de los demás) más duro frente a la evidente comercialización de la escena. Que sí, que manda cojones que sea precisamente él el que lo diga, pero yo que sé, a mí se me saltaron las lágrimas.

Por si a estas alturas alguien no lo sabe, soy un die hard fan de la banda, y ya me da igual lo que saquen que mientras no me sangren los oídos yo lo reseño y, en la medida de lo posible, lo defiendo. Excepto Recharged. Por lo que más queráis, no escuchéis nunca Recharged. Es más, olvidad que existe.

Tras unas doscientas veintitrés, aproximadamente, escuchas en bucle, ya estoy preparado para hacer una reseña de verdad. Y durantes las doscientas veintitrés una expresión resonaba en mi cabeza con cada detalle que no terminaba de cuadrarme y que sirve de titular para esta entrada: fuera de contexto.

Vayamos por partes, como decía Jack el de las habichuelas mágicas. La primera salida por la tangente viene del propio concepto del disco. Regresemos un momento al mundo de los quizás. Si Linkin Park, tras Meteora, o incluso tras el (en mi opinión acertadísimo) paso dado a un lado con Minutes to midnight, hubieran sacado The hunting party, no creo que a nadie le hubiera desentonado. Riffs más elaborados, ritmos acelerados, agresividad contenida, un buen puñado de rapeos... El problema viene cuando has pegado un bandazo tan brutal como fue A thousand suns (que analizado totalmente a parte tiene su puntito, pero que en conjunto rechina como los dientes de Vettel en el paddock de Red Bull) cualquier cosa que no hubiera sido una vuelta al principio ipso facto (como no lo fue Living things) cualquier intento de sonar más como en Hybrid theory tiene un cierto tufillo a "me agarro a un clavo ardiendo". En relación a esto último, qué queréis que os diga, estos tíos están en mil fregaos y cada disco que sacan (sea el que sea, como si les da por el flamenco fusión) se acomoda con facilidad en los primeros puestos de las listas de ventas, así que no los veo yo planteando estrategias de negocio. Pero que no se diga que soy imparcial (aún más, me refiero).

La diversidad de los cortes movidos antes de la publicación testimoniaban que  aunque este "endurecimiento" del sonido era patente, también lo era algún que tarde o temprano alguno de ellos iba a desentonar demasiado en comparación con sus compañeros. Y no me equivocaba. No obstante, quiero adelantar acontecimientos.

A metamorfosearse.
El arranque de The hunting party no puede ser mejor. Keys to the kingdom suena a evolución natural de Meteora: los mismos elementos (el riff pesado, los rapeos de Shinoda, los berridos de Chester Bennington...) agitados con maestría y un poquito acelerados. Bien, bien. Y All for nothing lo redondea con otro tema que suena a aquellos Linkin Park que enamoraron a miles de adolescentes alrededor del mundo.

Sigue la cosa con Guilty all the same, aquel primer apertivo que nos dieron a probar. Tralla de la buena, melodía más elaborada... Pero algo tiene que no me termina de convencer y que me lleva chirriando desde la primera canción... Sí, es la producción de la batería. Buf, a ver si no se nota mucho a partir de ahora...

Un skit supérfluo a más no poder (The summoning) y llega el primer momento WTF? del disco. War es un corte de puro punk hardcore. Pero tal cual. Hasta la grabación de las voces de Chester suena sucia, añeja. Tremebunda musicalmente hablando y garantía de pogo de campeonato, pero esto aquí no pega ni con cola. Lo dejamos en tablas.

Wastelands tiene su punto. El riff machacón es de manual nu metalero y el rollito combativo (aunque me de un poco de dentera el ritmillo caribeño de Rob Bourdon con la batería) en la letra de Shinoda hacen que salive con avidez. Pero tanta caña no sirve de nada si luego te vas a cascar un estribillo sin ninguna personalidad. Me temo que es otro empate.

No habéis visto (ni veréis) en vuestra vida una declaración
de intenciones tan hortera.
Anda mira, hablando de Muse... No calla, que esto sigue siendo The hunting party. Reconozco que cuando escuché Until it's gone la primera vez pensé que, meh, tampoco era para tanto. Pero será que me he acostumbrado a esa épica descafeinada que tanto les gusta últimamente a estos y lo echaba de menos (o que sigue la senda de What I've done y New divide y a mí eso me pone a mil). Además, creo que es uno de los temas mejor producidos de todo el disco.

Llegamos al segundo momento sorprendente. Cuando leí que Daron Malakian iba a colaborar con Linkin Park mi yo imberbe saltó de alegría. El resultado no podría haberme dejado más patidifuso. A ver, Daron, está bien que les des alguna idea a los muchachos, pero se te ha ido la mano con Rebellion majo. Vamos, que esto es una canción de System of a Down con Shinoda y Bennington a las voces con algún que otro efecto electrónico de Joe Hahn. Y para colmo le falta agresividad hasta en las partes de scream. Eso sí, al César lo que es del César, la letra es de lo mejorcito que les he oído en muchos años, una ácida crítica a todos esos revolucionarios de la clase media que nunca (por suerte) sabrán lo que es pasarlo realmente mal.

Mark the graves, por su parte, es la isla experimental a lo A thousand suns dentro de The hunting party. Y no sólo porque el arranque sea casi idéntico a Blackout, sino por su concepto experimental, su mezcla de guitarrazo limpio, pasaje etéreo y estribillo agudo. Raro de escuchar, pero con un par de oportunidades se le coge el truco.

Breve inciso: este es el primer trabajo de Linkin Park (sexto de su discografía sin contar inventos, por si alguien se ha perdido) al que contribuyen otros artistas. Además de Malakian, Page Hamilton se canta el estribillo de All for nothing (nunca me había fijado lo similar que tiene la voz a Shinoda) y Rakim (al que la mayoría de la gente no conocía de nada hasta ese momento, cosa que me parece MUY MAL porque es una bestia) aporta un párrafo en Guilty all the same que deberían estudiarse todos los MCs del mundo. Mención a parte merece la participación de Tom Morello en Drawbar que si no fuera porque figura en los créditos ni yo ni creo que nadie hubiéramos advertido su participación en un corte incluso más prescindible que el skit de antes.

Estamos llegando ya al final y Final masquerade pone la nota más pegajosa. Canción salida directamente de los momentos de balada potentorra de Minutes to midnight que a mí personalmente me parece tremenda y sospecho que es una vez más por un trabajo de mezclas exquisito.

Termina la cosa con A line in the sand. Si no fuera porque la mitad del riff es un calco del de Guilty all the same la primera impresión habría sido mejor. A pesar de todo, en conjunto tiene bastante más enjundia y desentona menos que su compañera amén de tener un final de infarto con un Brad Delson que, ahora sí coño, ha dado un puñetazo en la mesa y ha dicho "eh tíos, que yo toco la guitarra, vamos a ver qué se puede meter por aquí". Buen cierre que conjuga casi todos los elementos (todos no, que esto sería un caos) de los múltiples palos que han tocado Linkin Park a lo largo de estos casi quince años de carrera.


Así síNunca más
•  Mucha variedad. Alguna por fuerza te tiene que gustar.
• ¡Guitarrazos por fin! Se los echaba de menos. Delson demuestra además que si no ha hecho nada durante todos estos años, es porque no le ha salido de los huevos.
Más velocidad. Bourdon se defiende casi sin despeinarse.
• Insisto, el arranque del disco. Keys to the kingdom y All for nothing son dos razones de peso para pensar que no se les ha olvidado lo que eran.
• Por muy controvertido que resulte, Mark the graves. Así debería haber sido un disco experimental y no ese galimatías electrónico que se montaron.
• Su particular visión de las power ballads.
Demasiada variedad. A pesar de que no es la primera vez, tanto cambio de registro hace que el conjunto pierda solidez.
• No sé quien ha monitorizado la batería, pero por favor que no se vuelva a repetir. La caja y el charles suenan de pena en algunas partes del disco.
• Otra de batería: algún que otro ritmo se antoja demasiado complejo y parece forzado. Lo simple no siempre es malo.
• Shinoda, cabrón, no me rapees en una estrofa y me cantes en la otra, que me rompes los esquemas.
• Los temas más potentes no son ni de lejos tan pegadizos como sus antecesores.
Echo mucho de menos otro tema instrumental como Session, aunque está claro Hahn ha sido el gran damnificado de este álbum.
Diez, putos, temas. (no cuento Drawbar, ya me disculparéis). Parece que los multan si hacen alguno más. Mike tío, ¿si tenías tanto material escrito que dejaste de lado, qué te costaba darle un par de vueltas y meter dos o tres canciones más?

Les iba a poner sólo tres estrellas, pero tanto guitarrazo me ha acabado tocando la fibra. Sólo cabe esperar que esto no sea simplemente otro desvío en el camino.

2 comentarios:

bernardo de andres herrero dijo...

No siendo fan en absoluto de la banda me ha picado la curiosidad

Alex Palahniuk dijo...

Bueno, no voy a hacer leña del árbol caído ni a decirte qué pienso de ellos: sólo que ojalá recuperen esa credibilidad que hace mucho tiempo perdieron. Buen texto.