25 de septiembre de 2014

Por amor a la música: Fall Out Boy - Folie à deux

¿Qué? ¿Ya? ¿Otra ronda de Por amor a la música? Bueno, por suerte esta semana no tengo imprevistos. Josi ejerce de anfitrión en esta ocasión y el animal elegido como clave de portada es el oso. Así que la cosa va de osos. Nuestro querido rock biker nos hablaba de los psicodélicos The Vintage Caravan y su trabajo Voyage (preciosa portada, por cierto). Yo voy a tirarme por unos derroteros menos clásicos. No he tardado mucho en decidirme por mi aportación a esto de las portadas de osos. Kanye West me parece demasiado denso para una reseña breve, así que han sido Fall Out Boy los que nos acompañarán.

El trastorno psicótico compartido o folie à deux (literalmente "locura compartida por dos") es un raro síndrome psiquiátrico en el que un síntoma de psicosis (particularmente una creencia paranoica o delirante) es transmitida de un individuo a otro.

Si bien considero Infinity on high (el predecesor de este Folie à deux) la cima artística de los de Chicago, no miento si os digo que este trabajo se encuentra tan sólo un par de micras por debajo y ambos comparten una serie de características que los convierten en una dupla más que interesante para todos y especialmente para aquellos que no tengáis miedo a un poquito de... ¿hard pop? Venga va, sí, me quedo con este término.
Fall Out Boy comenzaron sus andaduras allá por 2001 y sus peripecias y vivencias les han llevado a evolucionar primero desde un emo pre-MTV tirando a suavecito hasta el pop punk que los catapultaría a la fama con Under the cork tree para pasar después al sonido sin complejos ni prejuicios que hoy nos ocupa para acabar con un pinchazo más que decepcionante en su último álbum. Tanto bandazo estilístico induciría al profano a pensar aquello de "giro hacia donde sople el viento más favorable" pero a mí lo que me da en la nariz es que Patrick Stump y Pete Wentz tienen un... Como decirlo... Ah, sí, un Folie à deux. Comparten y se regocijan en sus rarezas retroalimentándose y dejándose llevar por lo que les pide el cuerpo. Eso los ha llevado a día de hoy un poco al hoyo, pero hace seis años...

En 2008 salía a la venta este plástico para hacer las delicias de todos sus fans y de algunos que nos habíamos subido al carro con Infinity on high (que soy muy pesado, pero insisto en que me parece magnífico). Antes he dicho lo de hard pop y no iba en broma. Señoras y señores, están ustedes a punto de embarcarse en un viaje donde el pop punk, el rock alternativo, el blues, el soul, el hip hop, el funk, algo de hardcore melódico... Todo se une para dar a luz a un híbrido que no suena a nada y suena a todo a la vez. Suena, y una vez más que me perdonen los puretas pero lo pienso de verdad, como a esos Queen que no le hacían ascos a nada y acabaron llenando estadios, pero con bebidas energéticas y menos problemas menos épicos.

Fumando espero, al hombre que yo quiero...
Una espiritual introducción da paso a Disloyal order of the water buffaloes que se convierte en toda una declaración de intenciones: Nobody wants to hear you sing about tragedy. Melodías optimistas, voces emotivas y una batería que consigue meter caña sin desentonar incluso en los pasajes más lentos. Pero no hay que relajarse porque con I don't care comienza de verdad el asunto. Machacona, ácida y muy pegadiza, este himno narcisista te incita a la provocación desde el primer segundo y queda redondeado con unos guitarrazos tan contundentes como adictivos.

Saltamos ahora al pop fresco de She's my Winona. Acostumbraros a este tipo de títulos porque las referencias a la cultura popular (especialmente la americana) son una constante en las letras de Wentz, un tío al que se le pueden poner muchas pegas, pero al que hay que reconocer que posee un ingenio especial como letrista y que cuando se aleja de sí mismo brilla aún más. Puede que America's sweethearts sea el tema más flojo de todo el trabajo. Demasiado estándar, a pesar de que la guitarra tiene su punto. Así que mejor pasamos a Headfirst slide into Cooperstown on a bad bet y disfrutamos de su funky cristalino, su potente estribillo y los malabares de Patrick Stump con las cuerdas vocales. The (shipped) gold standard regresa terrenos más radiables y a pesar de todo es altamente disfrutable. No sé, puede que sea eso de "I wanna scream I love you from the top of my lungs, but I'm afraid that someone else can hear me" pero este tema tiene algo especial. 

No, pues estaba equivocado, el peor tema de Folie à deux es (Coffee's for closers). Siguiente, que ahora la cosa se pone interesante. What a catch Donnie será del agrado de los paladares clásicos. Dedicada a Donnie Hathaway y Roberta Flack, su espíritu de balada in crescendo se ve culminado con un final apoteósico en el que varios amigos de la banda (entre los que se encuentran Gabe Saporta, Travie McCoy y Elvis Costello) cantan versos de otras canciones de Fall Out Boy. Todo muy emocionante, no me digais que no. Y si lo que sigue es 27 todavía más. Nostalgia amarga derramada sobre un ritmo intenso y una guitarra soberbia (ay, Joe Throman, si cuando quieres...) lo convierten en mi momento preferido.

La cosa se pone funky de nuevo con Tiffany blews, donde el "rapero" Lil' Wayne hace una innecesaria aparición, pero tranquilos que sus exhalaciones con autotune no estropean el tema en absoluto y si no termina de convenceros, siempre puede aparecer W.A.M.S para reengancharos. Un homenaje no planeado al Michael Jackson más rockero que cierra con un interludio de puro blues, azul oscuro casi negro. Se rompe el ambiente con 20 Dollar nose bleed pero su atmósfera beatleana, su maldito y prístino buen rollo y la inestimable colaboración de Brendon Urie terminan por hacer que no te importa. Es escucharla y sentir un deseo irrefrenable de salir a cantar a la calle. De nuevo un interludio, esta vez mucho más oscuro... Interferencias, una voz... Un grito...

West Coast smoker cierra el disco. Y qué manera de cerrar señores ¡qué manera de cerrar! Ni más ni menos que Debbie Harry se une a la fiesta para la traca final. El tema más duro del trabajo sin lugar a dudas, con una agresividad patente, de nuevo una guitarra notable y un estribillo para enmarcar. Si me permitís una última recomendación, de entre las bonus track que acompañaban Folie à deux yo siempre me quedo con Pavlove, que con su riff intrincado y su estribillo casi a capela supone una perfecta guinda para este pastel.

4 comentarios:

bernardo de andres herrero dijo...

Siempre me ha gustado los Fall Out Boy por sus excesivos discos a nivél compositivo . Eso de alragar las canciones y temas épicos llenos de cambios que me recuerdan a Meat Loaf y steiman en ocasiones. es dificil decidir que disco de ellos es mejor así que me vale mucho tu elección . lo comparto

Josi dijo...

Me lo has puesto a huevo, Vinny, llevaba tiempo con ganas de darle una vuelta a la música de este grupo y nunca me decidía. me gusta como suenan, así que ahora a profundizar un poco mas. Un saludo.

PUPILO DILATADO dijo...

Estuve a punto de decantarme por ellos pero no me quise meter en una música tan lejana a mis parámetros y me olía que, o Bernardo o tú hablaríais del grupo detrás de esta portada.

Los primeros segundos del primer tema no me auguraban nada nuevo pero he pasado por encima de casi todos los temas y me están enganchando, me voy ya mismo a degustar el tema que cierra haber cómo está la Harry aquí.

Buen descubrimiento y buen blues a capella de "W.a.m.s.".

Forrest Gump dijo...

Los conocia pero me falta aprofundizar un monton, aunque no es un estilo que escuhe mucho ultimamente.
Gran aporte!
A+