18 de noviembre de 2014

Por amor a la música: Michael Amott | Pirocardiografías


Correremos un tupido velo con eso de que tengo la entrada escrita desde la semana pasada. Además que la he revisado y no he cambiado nada. Soy atemporal. O.O

Oye que corta se me está haciendo esta ronda de Por amor a la música. Será verdad eso de que el tiempo pasa más deprisa cuando se disfruta. Sin comerlo ni beberlo llegué a ser el chuleta de un barrio llamado Bel Air ha llegado mi turno de proponer clave.

Como ya sabréis (y si no lo sabéis os lo digo, que para eso estamos entre otras cosas) que la cosa va de músicos fuera de serie capaces de aportar su talento y su instrumento a dos proyectos de espectro musical opuesto. La verdad es que en un principio pensaba que me iba a resultar bastante chungo este tema, pero al final creo que puedo decir que ha sido de las rondas donde menos he tenido que estrujarme la cabeza. Y mucho menos (o más, no lo tengo muy claro) cuando los astros se alinean y los dioses del metal deciden concederme un premio. Bueno, o que mis compañeros de juego son más majos que las pesetas y han pensado "vamos a ponérselo fácil al Vinny". Por eso, elijo la guitarra para esta semana.

El primer nombre que se me vino a la cabeza cunado Forrest propuso este tema para la ronda no fue otro que el de nuestro pelirrojo favorito. No, Cliff Burton que estás en los cielos no. Ginger Baker tampoco. Ni el niño de Farmacia de Guardia. No, estoy hablando de... ¡Michael Amott! (lo siento con todo el dolor de mi corazón Pupi, pero no podía resistirme). Oh sí, oh sí, el hombre capaz de hacer convivir en la misma guitarra el death metal más brutal y el stoner rock más psicodélico ha llegado a la ciudad.

Nacido el verano del 69 en la nada cálida Suecia, Michael aprendió a tocar la guitarra siendo adolescente imitando a los guitarristas de punk hardcore y speed metal que poblaban su colección de discos. Tommy Iomi, Frank Marino, Michael Schenker, Uli John Roth y otro pelirrojo ilustre, Dave Mustaine, figuran como sus influencias reconocidas. Junto con su amigo Johan Liiva forma la banda de grindcore Carnage. El éxito en el circuito underground no pudo con los constantes cambios de formación y para cuando salió a la calle Dark recollections, su primer larga duración, la banda ya estaba disuelta.

Amott entra entonces a formar parte de Carcass, justo a tiempo para participar en los que se consideran los dos mejores trabajos de la agrupación capitaneada por Jeff Walker y Bill Steer: Necroticism - Descanting the insalubrious y Heartwork. Y es este último el que voy a comentar en primer lugar.

Llevaba mucho tiempo queriendo hincarle el diente a Carcass y una vez más el juego me da la excusa perfecta. Y la verdad es que no tengo nada en contra del grindcore, pero Heartwork es, según dicen los que entienden de esto, el disco que sentó las bases del death metal melódico (sí, los mismos tíos que en su momento hicieron lo propio con el grindcore). Y como supongo que alguien habrá intuido, es un estilo que me encanta.

Riffs caucásicos y muy pegadizo, guitarras estridentes, bajos vertiginosos, ritmos mutantes, doble pedal por doquier y voces infernales. No hay ni un sólo tema que no merezca la pena escuchar cuatrocientas veces. Empezando por la oscuridad épica Buried dreams y terminando con la adictiva Rot 'n' roll. Y entre tanto, los lacerantes guitarrazos de Carnal forge, el groove machacón de No love lost y This is your life, las frenéticas Heartwork, Doctrinal expletives y Arbeit macht fleisch, las más clásicas Embodiement y This mortal coil, Blind leading the blind y un Ken Owen poseído en la batería, las guitarras gemelas de Steer y Amott en Death certificate. Y para ponerle la guinda a este sangriento pastel, una portada del desaparecido y añorado H. R. Giger tan mínima y elegante como locuaz. El cénit de una banda que revolucionó la música extrema dos veces. Imprescindible.

Amott dejó a los británicos poco después de publicarse Heartwork y decidió dar rienda suelta a sus inquietudes musicales creando Spiritual Beggars, una banda que, como supongo que casi todos sabréis, es eterna deudora del sonido hard rock setentero y del rock psicodélico de los desiertos americanos.

El batería Ludwig Witt y el teclista Per Wiberg (tiempo después llegaría a Opeth) son los otros dos componentes que no han cambiado desde aquel debut homónimo. El bajo estuvo primero en manos de Christian "Spice" Sjöstrand, brevemente en las de Roger Nilsson y finalmente Sharlee D'Angelo (ambos en Arch Enemy con Amott también) y tres han sido también las gargantas de Spiritual Beggars: el propio Spice primero, Janne "JB" Christoffersson después y el actual vocalista, Apollo Papathanasio.

Imaginaréis que después de haber hablado de Carcass y dado que lo único que me queda por repasar de la carrera de Amott es su trabajo al frente de Arch Enemy, está bastante claro que mi segundo aporte será un disco de Spiritual Beggars. De Arch Enemy poco que decir que no se sepa ya: Amott se junta con su hermano Christopher y (de nuevo) con Liiva, crean el grupo, Liiva se va, aparece en escena Angela Gossow y se come con patatas al resto de la banda de cara a la galería (pero de buenas, que la mujer es bien maja y se quieren todos mucho), sacan discos como churros, Gossow decide retirarse para formar una familia pero sigue encargándose del management de la banda y fichan a la canadiense Alissa White-Glutz (The Agonist), que tiene el pelo azul pero está más buena que el pan y cuyas cuerdas vocales no tienen nada que envidiar a las de Gossow. Así a grandes rasgos yo creo que ya está, ¿no? La verdad es que nunca han sido santo de mi devoción (lo sé, no tiene mucho sentido gustándome como me gustan tanto In Flames y Soilwork, pero yo que sé) y la mayoría de los temas que me gustan tienen un denominador común que no es otro que los onanistas solos de guitarra de Amott.

Pues eso, que terminamos con Spiritual Beggars, y es que Amott ha aprovechado bien los pocos huecos de agenda que le dejaba Arch Enemy para seguir publicando stoner metal de alta calidad. Como no quería repetirme mucho y Pupi (una vez más, espero me perdones, jaja) ya hizo una reseña del magnífico Ad astra en aquella lejana ronda de países (¡ese fue mi primerito día!) pues yo me he decantado por On fire. ¿Por qué? Pues por nada en particular, básicamente porque me gustan casi todos sus discos (sin ser yo un entendido ni nada de eso) y había que elegir uno. Pues este mismo.

Christofferson acababa de coger el micrófono. Spice era más sucio y su voz tenía cierto encanto independiente, pero aquí el tocayo del whisky tiene una potencia pulmonar que quita el hipo. Ludwing Witt sabe adaptarse a cualquier situación sin despeinar su rizada cabellera, el bajo de Nilsson (esta sería su única grabación con Spiritual Beggars) aporta músculo a la fórmula y la guitarra de Amott son truenos y relámpagos en esta tormenta de arena. Pero para mí, el verdadero artífice de esa atmósfera lisérgica no es otro que Wiberg, que sabe disfrazar su teclado de hammond y hacer mil y un virguerías más.

Un arranque combativo como el de Street fighting saviours augura un trabajo en el que los respiros van a ser mínimos y no estamos nada desencaminados. La sofocante Young man, old soul da paso a una tremendísima Killing time, con un riff made in Amott reconocible hasta con los tímpanos rotos. Fool's gold suena a AOR vestido de cuero negro y los mismísimos Rainbow de Blackmore y Dio se apoderan de la banda en la sobresaliente Black feathers. Beneath de skin es más agresiva y tras el alucinógeno interludio Feje mermaid llega la caótica y explosiva Dance of the dragon king. Tall tales nos muestra el lado más canalla y hard rockero de Spiritual Beggars con otro tema que se graba a fuego en tu cabeza y son las más relajadas The lunatic fringe y Look back, las dos que cierran On fire, las encargadas de dar carta blanca a la experimentación y al virtuosismo, de manera lúgubre y casi épica en la primera y con cierto regusto a nostalgia en la segunda.


Dicen por ahí que los pelirrojos son el precio que debemos pagar los hombres si queremos pelirrojas. Ni puta idea de nada tiene la peña. NI PUTA IDEA.

4 comentarios:

bernardo de andres herrero dijo...

He de escucahr esto con calma los dos grupos me sonaban de oidas por mis colegas metaleros pero mi acercamiento a los mismos era más bien nulo o casi ( algo que imaginarias) pero los de Arch me han cautivado lo suficiente para picar en su discografía . Veo que para salir de mi cenasillamiento son interesantes. esto es lo bueno de estas rondas me quedan en la cabeza cosas que jamas escucharñia por mi mismo. Ah se me olvida si fuimos buenos y dejamos para el final instrumentos más facilitos pero también es cierto que esperaba esta ronda de instrumentos ( en general) más compleja

Josi dijo...

Michael Amott me parece un puto genio con mayusculas, soy mas de Spiritual Beggars que sus otros proyectos. Tengo una cuenta pendiente con Carcass, joder, no encuentro el momento de hincarle el diente a esos estilos tan radicales. Esplendido post y me encanta tu frase final, digna de slogan de camiseta, Vinny, un saludo.

PUPILO DILATADO dijo...

Ja, ja!, ese toque de humor con tu despiste hace que apetezca más si cabe leer tu post. Como sabes que adoro a Amott en los Spiritual pero...frío, frío, mi opción semanal no iba ni de coña por aquí, de hecho es todavía mejor a nivel personal porque el guitarrista que propongo me toca la fibra sensible como nadie pues es intocable para mi.

Me pasa con Carcasa lo que a Josi, nunca encuentro el momento con ellos, los seguí mucho en la época Mtv cuando Vanessa Warwick no paraba de poner sus clips pero poco mas, me creas mucha curiosidad por este disco. De Spiritual ya sabes, flipo con toda su discografía y con su pesado y contundente sonido en sus tres etapas.

Entradon!

Forrest Gump dijo...

Cuidado chaval que soy pelirojo!Carcas conozco of course y Spiritual Beggars igualmente ...pero como imaginaras is not my cup of tea!Aunque respeto mucho ambas bandas y a Michael!
A+