3 de diciembre de 2014

Por amor a la música: Chick Webb | Baquetazos para aflojar los huesos


¿Cómo? ¿Otra manga de Por amor a la música? Madre mía, esto es un no parar.

El gran maestro/mentor/capo/cacique/líder espiritual de este juego, el gran Forrest Gump, ha decidido (y muy acertadamente, dado que hoy se celebra el Día Internacional de las Personas con Discapacidad) que durante las próximas rondas nos dediquemos a investigar y presentar a músicos con alguna discapacidad. Me gusta el tema, para qué os voy a engañar. Creo que es muy interesante conocer historias distintas fuera de las típicas rockstars que solemos admirar por estos lares.

Bueno pues Forrest ha decidido que empezemos hablando de músicos con enanismo y para ello nos ha ilustrado con el genial pianista de jazz Michel Petrucciani. La verdad es que así de primeras me he acordado del desaparecido Joe C. y sus esporádicas colaboraciones con Kid Rock, pero no ha terminado de convencerme la propuesta, básicamente porque el muchacho tampoco es que hiciera mucho más musicalmente hablando. Leon Botha tampoco se ajustaba exactamente a la clave de esta semana (aunque me lo guardo, porque creo que merece la pena que conozcáis a este muchacho) así que al final he decidido que Santa Wikipedia me ilumine y he encontrado a mi protagonista.

William Henry Webb, más conocido como Chick Webb, nació en Baltimore en 1909 y cuando era niño sufrió de tuberculosis espinal (que no tengo ni idea de qué es, pero suena chungo de cojones) y como consecuencia, su columna vertebral quedó seriamente deformada, provocando la corta estatura que lo convierte hoy en mi objeto de análisis además de una leve joroba. Fue su médico el que le animó a tocar la batería, argumentando que eso le ayudaría a relajar los huesos. Bendito matasanos.

El muchacho se lo tomó con empeño y trabajó como repartidor de periódicos para pagarse su primera batería. Con sólo 11 añitos ya había debutado profesionalmente y con 17 se trasladó a Nueva York, donde pasó gran parte de la década de los 20 liderando su propia banda por diversos clubs de la ciudad. En el 31 Chick y sus chicos se convertían en residentes del Savoy Ballroom. Chick no sabía leer música pero se las apañaba para memorizar los movimientos de dirección y su banda, si bien no era la más popular en la ciudad, era realmente temida en las "batallas de bandas". El Savoy organizaba estas "batallas" enfrentando a Chick y sus compañeros con otro conjunto en dos plataformas frente a frente. Bennie Goodman sufrió en sus propias carnes como la gente que acudía al Savoy votaba efusivamente a la banda de Chick al terminar la velada y los declaraban flamantes ganadores.

Cuando la maldita tuberculosis espinal, que nunca se había ido, terminó con Chick en el año 39, su estilo virtuoso y potente ya había encandilado a muchos de los que después llegarían, como Art Blakey, Duke Ellington (curioso que fuera uno de los pocos que le ganara en su momento en la "batalla de bandas"), Gene Kupra y Buddy Rich.


Pero si algo que tenemos que agradecerle todos a Chick es que, en 1935, comenzara a colaborar con una muchachita llamada Ella Fitzgerald y la acompañara durante una de las primeras etapas del viaje para que Ella se convirtiera en the first lady of song. Juntos se convirtieron en los reyes del nuevo swing y de hecho, tras la muerte de Webb, Ella se quedó con su banda hasta que decidió emprender carrera en solitario.

No me las voy a dar de entendido no conocía a Chick Webber y creo que lamentablemente no soy tan conocedor del mundo del jazz como para analizaros alguna composición de su prolífica colección de interpretaciones. Así que os voy a dejar con dos temas. El primero es uno de sus mayores éxitos junto a Ella, A-tisket a tasket y el segundo, Azure, una canción que me ha gustado especialmente de las muchas que he escuchado durante esta tarde (y otras tantas que me he dejado por falta de tiempo, pero es que si no publico el año que viene):



4 comentarios:

bernardo de andres herrero dijo...

no se porque pero me parece que el mundo del jazz va a aparecer bastante y es que el rock es muy prejuicioso y farandulero. La necesidad de estética predomina mucho . del batería poco más se que lo que acabas de dar indgare un poco aunque esto del jazz no es lo mío.

PUPILO DILATADO dijo...

Escuchar este tipo de música siempre se agradece después de tanto guitarrazo rockero. Tampoco conocía a Chick Webb pero esas batallas de bandas tenían que ser un subidón de adrenalina sónica increible. Qué bueno que se dedicase a la batería por consejo médico.

Ella, Oh Ella, qué timbre de voz más bello compañero...

Forrest Gump dijo...

Hats of for Chick...Un verdadero fiera con los parches, acompañar a una de las damas del Jazz no tenia que ser tarea facil!
bravo.
A+

Josi dijo...

Por poco coincidimos, Vinny, me he dado cuenta a tiempo. Ya estaba iluminado por Santa Wikipedia, ja, ja, ja. Interesante descubrimiento la de este batería, cuantas historias de superación vamos a ver en estas rondas. Un saludo.